31/5/10

La esquina de Auggie Wrenn


Ésta de hoy y las dos anteriores entradas diríase que componen una trilogía pensada para culminar precisamente este 31 de mayo que se "celebra" el día mundial sin tabaco, y qué mejor clímax que hablar de humo, o sea, de Smoke. Y nada de eso, fue puro azar. Os lo juro. Este domingo nos propusimos disfrutar con gula de la pereza. Ya puestos, y tratándose de pecados capitales, por qué no cometerlos a pares. En fin, una sesión continua de sobremesa garantiza el buen fin de semejante propósito pecaminoso. Y si hablamos de vicios, habiendo dejado de fumar, qué mejor que hacerlo por persona interpuesta, y creo que en los últimos veinte años en ninguna película se fuma más ni es tan importante fumar ni fumar resulta tan, digamos, cardinal como en Smoke, esa peliculita de 1995 -qué maravillosa celebración del centenario del cine- de Wayne Wang y Paul Auster.


Creo que no la habíamos visto desde que se estrenó pero teníamos un vívido recuerdo. Ahora nos alegramos de no haberla gastado, por así decir, y haberla reservado para un domingo engolfados en el dolce fare niente. Vista ahora se nos aparece casi como un milagro. Parece una película francesa o digamos canadiense -pienso en Las invasiones bárbaras (2003) de Denys Arcand-, en fin, una película hablada, aunque no tiene nada que ver con Una película hablada, también de 2003, de Manoel de Oliveira -una película de Oliveira sólo se parece a una película de Oliveira-. Pero tampoco es un Ozu en Brooklyn como bromeaban Auster y Wang, efectivamente bromeaban, porque una película de Ozu sólo las hacía Ozu. En realidad, Smoke a lo que más se parece es a una novela de Paul Auster.


Las de Paul Auster siempre me parecieron novelas generosas, están llenas de historias, a veces uno puede imaginar que cualquiera de ellas podría contener el germen de una -de otra- novela. Pero Auster las vierte a manos llenas. Cuando leí El libro de las ilusiones me fascinaba lo bien que contaba las películas de Hector Mann, las películas inexistentes de un cineasta de ficción inventado por un novelista al que le encanta el cine. Contaba tan bien aquellas películas que uno las veía. Recuerdo comentar la novela con Pepe Coira que la leyó por la mismas fechas y preguntarnos si a alguien se le ocurriría hacerlas, porque ya casi estaban hechas sobre el papel, pero me temo que si a alguien se le ocurriera llevarlas a la pantalla nunca alcanzarían la perfección que lograron en nuestro cine interior. Vale, no iba a contarlo pero lo contaré. Cuando Ángeles acabó El libro de las ilusiones le puso un 10. Joder, creo que nunca le puso un diez a algo que yo haya escrito. Bueno, una vez, pero fue la única. En fin, cómo no sentir celos, y más aún si después de ver Smoke, va ella y me espeta: ¿cuándo piensas hablar de esta película en la escuela de los domingos? Hay que ver.

Si tuviera de definir la matriz de la obra de Auster señalaría tres ingredientes: un padre, un hijo y el azar. Diría que cada una de sus novelas representan una combinación particular de esos elementos. Smoke también es una película de padres e hijos, de las historias que se cuentan unos a otros o unos sobre otros, sometidos a los encuentros que el azar destruye, esquiva y/o propicia. Y cuando se encuentran se dan de narices con algo que no buscaban pero que necesitaban como el aire que respiran: la propia esquina del mundo, el lugar desde el que contemplar y contemplarnos, el lugar donde, al fin, nos encontramos, nos reconocemos, nos hablamos, nos contamos... La esquina del mundo, el lugar donde encuentra acomodo la vida, el lugar que da forma visible al tiempo vivido.

Eso es lo que el estanquero Auggie Wrenn le enseña al escritor Paul Benjamin cuando le muestra las cuatro mil fotos que hizo cada uno de los cuatro mil días a la misma hora de la mañana en la esquina de la calle 3 con la octava avenida de Brooklynn. Le enseña a escuchar el tiempo embalsamado en las fotos, le enseña a ver el paso del tiempo, le enseña a percibir las formas de la vida con la música del azar, para emplear un título austeriano. Y cuando Paul Benjamin se toma su tiempo, entonces suenan las notas de la fuga para piano en do mayor de Shostakovich. Ha llegado el momento del encuentro inesperado y de la resurrección. Por eso la maravillosa fuga vuelve a sonar en aquella escena muda alrededor de la mesa en el campo, donde Forrest Whitaker tiene su garaje, mientras se fuman puros y el hijo ha encontrado su esquina.

Paul Auster, Harvey Keitel y Wayne Wang
en el rodaje de
Smoke


Una madre que busca una hija. Un hijo que busca su padre. Un padre que encuentra a un hijo que no buscaba. Una madre que encuentra a un hijo que creía perdido, aunque el hijo no sea su hijo pero ella finge que es su madre. Un cuento de navidad. El cuento de navidad que publicó Paul Auster el 25 de diciembre de 1980 en el The New York Times, La historia de Auggie Wrenn, y que leyó Wayne Wang en San Francisco, pero que estuvo a punto de no leer, porque en el quiosco sólo quedaba un ejemplar. Puro Auster. El novelista escribió cinco o seis versiones de un guión a partir de las dos escenas del relato -las fotografías que hace Auggie desde su esquina y el cuento de navidad que le cuenta al escritor-, hasta vertebrar la/s historia/s de Smoke. Aunque "vertebrar" falsea el fluir y la gracia de una película tan sencilla, tan tierna, tan viva, tan humana, tan verdadera sobre padres e hijos. Tan sencilla y desnuda que sólo pide ver y oír. Tan milagrosa que me molestan incluso los travellings hacia Auggie, o las imágenes fijas en blanco y negro que "ilustran " el cuento de navidad. Pero hasta me da pereza ponerle peros de tanto que nos gustó otra vez.

Y bien, si se trata de ver y oír, de eso va Smoke, cabe señalar que da gloria ver y oír a todos y cada unos de los actores que encarnan a cada uno de los personajes. Y verlos fumar, que por ahí empezamos. Qué grandes Harvey Keitel, William Hurt, Forrest Whitaker, Stockard Channing... Y qué bien le sientan las canciones de Tom Waits, como este Downtown Train:



La verdad, no hay mucho que decir de Smoke, tan leve, tan honda, tan transparente, tan cálida, tan bella. Bueno, que la produjeron esas bestias pardas de los hermanos Weinstein, los de Miramax, que por lo visto han suspendido pagos. Desde luego no se arruinaron por Smoke. Quizá vuelvan a encontrarse. Se lo ganaron produciendo esta película de padres e hijos.

Y ahora sólo me queda dejaros aquí Innocent when you dream, la canción de Tom Waits que escuchamos cuando termina la película, mientras vemos las escenas mudas en blanco y negro sobre las que aparecen los primeros créditos finales, imágenes con las que revivimos el cuento de navidad que Auggie Wrenn le acaba de regalar a Paul Benjamin, antes de que la pantalla se vaya a negro y rueden los últimos créditos. Pero nuestro cine interior sigue proyectando la esquina de Auggie Wrenn.

8 comentarios:

  1. He leido casi todos los libros de Auster y en cambio no he visto esta película, y mira que me la han recomendado veces.

    ResponderEliminar
  2. Smoke es una de mis películas favoritas. Es chiquita pero no tiene desperdicio -como una mujer que conozco-. Tiene un encanto que no sé cómo se consigue. Es una maravilla, como bien reflejas en tu estupenda entrada.
    Las películas y novelas "con padre", vivo o muerto, me atraen especialmente. Es una de las razones por las que me gusta tanto Paul Auster.
    Ahora estoy leyendo Invisible, su última novela. Las primeras ochenta páginas están muy bien. La acabaré pronto.
    El Libro de las Ilusiones es una auténtica maravilla, sí señor. Y señora Ángeles.

    ResponderEliminar
  3. Madison que suerte tienes si no la has visto.
    Yo voy ha verla esta noche otra vez y tambien tengo suerte. Smoke tiene un algo que...Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Tengo la última por leer, y seguro volveré con el libro de las ilusiones, aunque no se lo digais a Daniel, que la primera vez casi nos cuesta un divorcio, pero bueno, la entrada le quedó bastante bien, para tenerle celos confesados, una docena de adjetivos no está nada mal.
    !Que escena la de Paul Benjamin viendo las fotos!
    Bicos. Ángeles

    ResponderEliminar
  5. Geles. Es una peli que parece hecha de diferentes peliculitas. Como las novelas de Cheever. Y alguna de las de Auster. ¿Y la del chico negro esperando, insistiendo, frente al taller de reparación de coches de Forrest Whitaker? ¿Y la última, la del cuento de navidad, con Auggie en la casa de la señora ciega? ¿Y la de "el peso" del humo? Una maravilla. La de Bemjamin mirando las fotos y encontrando a su mujer fallecida... En fin.
    Un beso.

    ResponderEliminar
  6. Ainsss ya os vale, antes pensaba...vale ya veré algún día esa peli, pero ahora por vuestra culpa la impaciencia me puede.
    Se encuentra facil en las tiendas?
    A mi me gustó mucho el Palacio de la luna.
    Y si que es verdad que siempre hay padres e hijos, pero también sobrinos.
    Un beso Geles

    ResponderEliminar
  7. Tienes razón, Madison, también hay sobrinos (y con todas las consecuencias). Estuve dando una vuelta por la red y creo que en este momento "Smoke" figura como temporalmente agotada o no disponible, pero seguro que la reeditarán a no tardar mucho. Claro que tal vez puedas conseguirla por otros métodos con bastante facilidad. En fin. A nosotros también nos gustó mucho "El palacio de la luna".
    Un beso.

    ResponderEliminar
  8. Si que deixa pouso a condenada. Eu vina unha vez no cine ao pouco da estrea e o ritmo e as imaxes aínda seguen flotándome no interior: a foto da mesma hora, o pouso de Harvey Keitel, a luz da cidade, as falas pausadas, o peso de fume,...
    Ah¡ Non sería a posta, pero quedouche unha triloxía do fume ben xeitosa.

    ResponderEliminar