1/5/10

Mayo

Cuando era un niño, mi padre me enseñó el único poema que sabía -tangos y boleros aparte-, un fragmento de la Canción del pirata de Espronceda. Treinta y tantos versos: desde Con diez cañones por banda hasta mi única patria, la mar. Fue el primer poema que aprendí. El siguiente fue el Romance del prisionero. Lo encontré en un libro de la vieja colección Austral, Flor nueva de romances viejos -mi primer libro de poemas- de don Ramón Menéndez Pidal, el gran filólogo, historiador y medievalista que nació en A Coruña en 1869, cuya obra La España del Cid sirvió como fuente documental para la película El Cid (1961) de Anthony Mann:

Ramón Menéndez Pidal saluda a Anthony Mann
en presencia de Charlton Heston en el rodaje de
El Cid, en marzo de 1961. Abajo, Charlton Herston
con Rodríguez de la Fuente y Menéndez Pidal.



Con el tiempo, el Romance del prisionero no sólo se quedó en mi memoria sino que cada vez que lo recuerdo me parece un poema maravilloso. Un poema anónimo que, por lo visto, data del siglo XIV o XV y del que se disponen de varias versiones. La que traigo aquí es una de las versiones cortas:

Que por mayo era, por mayo,

cuando hace la calor,

cuando los trigos encañan

y están los campos en flor,

cuando canta la calandria

y responde el ruiseñor,

cuando los enamorados

van a servir al amor;

sino yo, triste, cuitado,

que vivo en esta prisión;

que ni sé cuándo es de día

ni cuándo las noches son,

sino por una avecilla

que me cantaba al albor.

Matómela un ballestero;

dele Dios mal galardón.


De octosílabo en octosílabo el Romance del prisionero nos lleva desde el mundo exterior hasta el interior de la prisión, como si de un travelling se tratara, para descubrirnos al personaje que monologa y revela una herida íntima, la memoria de una pérdida, esa avecilla que representaba el hilo que lo religaba con la vida plena, y cuya quiebra ahonda la pena y aviva la amargura. El poema se despoja de cualquier elemento histórico para cifrar la aflicción primordial y purgar cualquier adherencia que perturbe la emoción desnuda. Y la mirada fraternal. En cualquier tiempo y en cualquier lugar.

El Romance del prisionero empieza siendo un ojo, que luego se convierte en una lente íntima y al final deviene un espejo sostenido por las palabras esenciales, como si la noche oscura del alma tuviera manos. Y nos tocaran este mayo.

3 comentarios:

  1. Nossa!!!!Poder discutir com uma pessoa que tem uma lista de filmes como favoritos e tantos outros livros lidos , me senti analfabeta de filmes , livros nem tanto , tb gosto muito de ler, quando sobra tempo,mas o meu forte é a pintura , artes em geral, tudo que agrada aos olhos e aos ouvidos . Vou te seguir . Abraços! Valdja

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  2. Mayo es un buen mes para evocar recuerdos ,yo los aprendí en esas tardes de mayo y flores.
    Un saludo

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  3. Tengo ese libro de Austral, manoseado, desabrochado, envejeciendo conmigo.
    Hay romances que de muy joven los encontraba tan eróticos que alternaba su lectura con las palabras prohibidas del diccionario.

    Florinda perdió su flor, el rey padeció el castigo;
    ella dice que hubo fuerza, él que gusto consentido.
    Si dicen quién de los dos la mayor culpa ha tenido,
    digan los hombres: la Cava y las mujeres: Rodrigo.
    Un abrazo.
    ¿Sabría Charlton Heston al lado de quién estaba?

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