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9/2/13

Mascaritas


Fotografía de Diane Arbus

Fotografía de Helen Levitt.
Nueva York, 1939

Fotografía de Elliot Erwitt. 
París, 1949

Fotografía de Jerome Sessini

Fotografía de Mary Ellen Mark. 
Campamento gitano. Barcelona, 1987

Fiz de mim o que não soube
E o que podia fazer de mim não o fiz.
O dominó que vesti era errado.
Conheceram-me logo por quem não era e não desmenti, e perdi-me.
Quando quis tirar a máscara,
Estava pegada à cara.
Quando a tirei e me vi ao espelho,
Já tinha envelhecido.
Estava bêbado, já não sabia vestir o dominó que não tinha tirado.
Deitei fora a máscara e dormi no vestiário
Como um cão tolerado pela gerência
Por ser inofensivo
E vou escrever esta história para provar que sou sublime.

(Pessoa, un fragmento de Tabacaria de Álvaro de Campos.)

Hice de mí lo que no supe / y lo que no podía hacer de mí no lo hice. / El disfraz que vestí estaba equivocado. / Me conocieron enseguida como quien no era y no los desmentí, y me perdí. /  Cuando quise quitarme la máscara, / la tenía pegada a la cara. / Cuando me la quité y me miré en el espejo, / ya había envejecido. / Estaba borracho, ya no sabía llevar el disfraz que no me había quitado. / Tiré la máscara y me dormí en el vestuario / como un perro tolerado por la gerencia / por ser inofensivo / y voy a escribir esta historia para demostrar que soy sublime.

17/1/13

Criaturas


Sería bueno meditar mucho, para expresar algo de lo perdido, / de aquellas largas tardes de la infancia / que nunca así volvieron... ¿y por qué? / Aún nos acordamos... quizá en una lluvia, / pero ya no sabemos lo que eso significa... escribe Rilke en uno de los poemas que tituló Infancia.

A. Aubrey Bodine, 1933

Alain Laboile

Aldo Beltrame, 1956

Arthur Leipzig, 1946


Bert Hardy, 1950

Bruce Davidson, 1965


Christer Strömholm, 1951

Colin Jones, 1963

Colin O'Brian, 1960

Desirée Dolron, 2002

Eva Besnyö, 1931

George Rodger, 1962

Harold Feinstein, 1949

Helen Levitt, 1940

Jean Dieuzaide, 1953

Jean Hermanson, 1967

Jean-Philippe Charbonnier, 1954

John Gutmann, 1938

Julia Tikhomirova

Ken Russell, 1954

Lucien Clergue, 1955

Mario Cresci, 1979

Philipp Kester, 1910

Richard Kalvar, 1969

Roger Mayne, 1956


Sally Mann, 1991

Sibylle Bergemann

Terence Spencer, 1953

Thomas Hopker, años 50

Tibor Honty, 1963

William Gale Gedney, 1955

Willy Ronis, 1954

Wynn Bullock, 1956

Zoltan Vancso

Y quizá sería bueno también enhebrar con un hilo de la memoria aquellas imágenes rescatadas de las ruinas del tiempo con la criatura (o las criaturas) que fuimos. Por si aún nos reconocemos en la patria perdida. Acaso en una lluvia.

22/7/10

El aquel de leer


Quizá ningún otro gran fotógrafo retrató el aquel de leer con tanta dedicación como el húngaro André Kertész. Como este niño con helado, el 12 de octubre de 1944 en Nueva York. A lo largo de más de cincuenta años, entre 1914 y 1970 disparó con su cámara -una Leica, desde 1928- sobre lectores de medio mundo, desde Hungría hasta Buenos Aires pasando por París y Nueva York.

Nueva York, 1963


Venecia, 10 septiembre 1963

Reunió las fotografías en On Reading, un libro publicado en 1971 en Nueva York y que busqué allí inútilmente, pero que pudieron verse por aquí en una exposición hace un par de años.


Quizá ningún retrato tan íntimo que el de un lector, y la mayoría, claro está, son lectoras. Y niños. Tiempo doblemente suspendido, las fotografías de André Kertész, por la instantánea y por la lectura. Tiempo ensimismado el aquel de leer.


Esztergom (Hungría), 1914


Carnaval, París, 1926


Café Dome, París, 1928

Asilo de Beaune (Francia), 1929


Academia Francesa, París, 1929




Nueva York, 1943


Fuente Medici, París, 1948


Nueva York, 1959


Nueva York, 1962


Nueva York, 1962


Buenos Aires, 10 de julio de 1962


Puente de las Artes, París, 1963



Vestuario de un circo

En las azoteas de Nueva York,




Washington Square, Nueva York, 1969



La obra de Kertész despertó la vocación de fotógrafo en Henri Cartier-Bresson, que compró una Leica en Marsella en 1932 porque era la cámara del maestro húngaro, como Helen Levitt elegirá la Leica porque era la cámara de Cartier-Bresson, quien había germinado en ella la misma vocación. Quizá ninguna fotografía (de una lectora) tan conocida como Las piernas de Martine, realizada por Cartier-Bresson en 1967:


Tan íntima (y erótica) como un desnudo. Más de una vez me he preguntado qué pensaría uno si fuera analfabeto. Quizá entonces qué pena destilaría la imposibilidad del aquel de leer.