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23/4/13

Alguna cosa buena


De las cartas de Flaubert a Louise Colet:

Croisset. Sábado, 12 de junio de 1852.
Todos mis orígenes se encuentran en el libro que me sabía de memoria antes de saber escribir, Don Quijote...

Lunes por la tarde, 22 de noviembre de 1852.
A propósito de lecturas... los domingos Don Quijote. (...) Lo que hay de prodigioso en Don Quijote es la ausencia de arte, y esa perpetua fusión de la ilusión y de la realidad que hace de él un libro tan cómico y tan poético. A su lado, ¡qué enanos, todos los demás! ¡Qué pequeño se siente uno, Dios mío! ¡Qué pequeño!

Croisset. Noche del lunes, doce y media, 6-7 de junio de 1853.
Hay algo a lo que es necesario que te acostumbres, y es a leer todos los días (como un breviario) alguna cosa buena. A la larga penetra. (...) El talento, como la vida, se transmite por infusión.

En las ruinas de una librería de Londres, 
después del ataque aéreo del 8 de octubre de 1940.

Puestos de libros de la calle Kuznetsky en Moscú, 1941.
(Fotografía de Margaret Bourke-White.)

Fotografía de Josef Koudelka

Fotografía de Jesse A. Fernández

Fotografía se Sune Jonsson

Fotografía de André Kertész

Fotografía de Fernando Scianna

Fotografía de Garry Winogrand

Fotografía de Bruce Davidson

Ilustración de Adrian Tomine
para la cubierta del The New Yorker
del 8 de noviembre de 2004

29/10/11

Con casi nada


Una pantalla de cine, un cuadro, una fotografía. Un encuadre, un marco. un fotograma. Un espejo, un cristal, un visor. La ventana. La frontera. El umbral. Que vela una historia. Y suspira por una mirada. Que la desvela. Y revela. El tiempo prendido de un sudario. El umbral. La frontera. La ventana.



Fotografía de Federico Patellani, 1962


Fotograma de El espíritu de la colmena de Víctor Erice

Fotografía de André Kertész, El Havre, 1948


Fotograma de Ukikusa de Yasujiro Ozu

Fotografía de Nuri Bilge Ceylan, Estambul

Fotograma de Au hasard Balthazar de Robert Bresson


Fotografía de Raymond Depardon

Fotograma de In the Mood for Love de Wong Kar-wai

Fotografía de Ricard Terré. 
Vagón de tren portugués. Vigo, 1956

Fotograma de El hombre tranquilo de John Ford



Creo que nadie mejor que Baudelaire escuchó ese clamor:

Las ventanas

Quien desde fuera mira a través de una ventana abierta no ve nunca tantas cosas como el que mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, más misterioso, más fecundo, más tenebroso, más deslumbrador que una ventana iluminada por un candil. Lo que puede verse al sol siempre es menos interesante que lo que ocurre tras un cristal. En ese agujero negro o luminoso vive la vida, sueña la vida, sufre la vida.

Más allá de las olas de los tejados diviso una mujer madura, ya arrugada, pobre, siempre inclinada sobre algo, y que no sale nunca. Con su rostro, con sus ropas, con su gesto, con casi nada, he rehecho la historia de esa mujer, o más bien su leyenda, y a veces me la cuento a mí mismo llorando.

Si hubiera sido un pobre viejo, habría rehecho la suya con la misma facilidad.

Y me acuesto, orgulloso de haber vivido y sufrido en otros distintos de mí.

Quizá me digáis: "¿Estás seguro de que esa leyenda es la verdadera?" ¿Qué importa lo que pudiera ser la realidad fuera de mí si me ha ayudado a vivir, a sentir que soy y lo que soy?


(Traducción de Mauro Armiño.)

22/7/10

El aquel de leer


Quizá ningún otro gran fotógrafo retrató el aquel de leer con tanta dedicación como el húngaro André Kertész. Como este niño con helado, el 12 de octubre de 1944 en Nueva York. A lo largo de más de cincuenta años, entre 1914 y 1970 disparó con su cámara -una Leica, desde 1928- sobre lectores de medio mundo, desde Hungría hasta Buenos Aires pasando por París y Nueva York.

Nueva York, 1963


Venecia, 10 septiembre 1963

Reunió las fotografías en On Reading, un libro publicado en 1971 en Nueva York y que busqué allí inútilmente, pero que pudieron verse por aquí en una exposición hace un par de años.


Quizá ningún retrato tan íntimo que el de un lector, y la mayoría, claro está, son lectoras. Y niños. Tiempo doblemente suspendido, las fotografías de André Kertész, por la instantánea y por la lectura. Tiempo ensimismado el aquel de leer.


Esztergom (Hungría), 1914


Carnaval, París, 1926


Café Dome, París, 1928

Asilo de Beaune (Francia), 1929


Academia Francesa, París, 1929




Nueva York, 1943


Fuente Medici, París, 1948


Nueva York, 1959


Nueva York, 1962


Nueva York, 1962


Buenos Aires, 10 de julio de 1962


Puente de las Artes, París, 1963



Vestuario de un circo

En las azoteas de Nueva York,




Washington Square, Nueva York, 1969



La obra de Kertész despertó la vocación de fotógrafo en Henri Cartier-Bresson, que compró una Leica en Marsella en 1932 porque era la cámara del maestro húngaro, como Helen Levitt elegirá la Leica porque era la cámara de Cartier-Bresson, quien había germinado en ella la misma vocación. Quizá ninguna fotografía (de una lectora) tan conocida como Las piernas de Martine, realizada por Cartier-Bresson en 1967:


Tan íntima (y erótica) como un desnudo. Más de una vez me he preguntado qué pensaría uno si fuera analfabeto. Quizá entonces qué pena destilaría la imposibilidad del aquel de leer.