5/5/09

Lisboa (y cine)

Publicidad de Roma ore 11
para el estreno en Nueva York
en 1953



Cuando llegamos a Lisboa nos fuimos a la Cinemateca Portuguesa. Ponían Roma ore 11, un filme de Giuseppe de Santis estrenado en 1952, que no habíamos visto. Una película que permite valorar en su justa medida la gran aportación que supuso el neorrealismo, justamente porque no se trata de un filme neorrealista, aunque entre los guionistas figure uno de los padre padrone del neorrealismo, nada menos que Cesare Zavattini, y aunque el punto de partida y el proceso de elaboración del guión se correspondan con la poética neorrealista. Una película, por lo tanto, que permite comprobar que el neorrealismo no era una cuestión de guión -nunca lo fue- sino una cuestión de puesta en escena, de escritura fílmica, en definitiva, de mirada.


Giuseppe de Santis


Vayamos con el argumento. El propio Zavattini había definido el neorrealismo como una poética de la inmediatez, una estética de la contigüidad, y Roma ore 11 se ajusta a esa cercanía a los hechos que le sirven de materia prima. El 15 de enero de 1951 se produce un accidente en Roma que ocupará las primeras páginas de los periódicos: doscientas mujeres que habían acudido a un edificio convocadas por una anuncio en el que se pedía una dactilógrafa, la escalera en la que se apretaban cedió y decenas de aquellas mujeres fueron hospitalizadas por heridas de distinta consideración; una de ellas murió. El cine italiano se apropió del suceso a través de dos películas: Roma ore 11 y Tre storie prohibite. Incluso tantos años después, en 2008, Elio Petri estrenó una obra de teatro con el mismo título del filme de Giuseppe de Santis que se estrenó un año después de acontecidos los hechos. El cineasta, tras conocer la noticia, contactó con el joven Elio Petri, futuro director y que entonces trabajaba en el periódico comunista L' Unità, para que investigara los hechos. Elio Petri trabaja durante seis meses y elabora un informe con las conclusiones de su investigación que incluía numerosas entrevistas a las víctimas y a los que acudieron a socorrerlas. A partir de ese informe, De Santis, Basílio Franchina, Rodolfo Sonego, Gianni Puccini y Cesare Zavattini esciben el guión a lo largo de tres meses. Hasta aquí el proceso de desarrollo del filme sigue la poética neorrealista que perseguía un "efecto crónica social". Con vistas a conseguir ese efecto los filmes neorrealistas privilegiaban las funciones documentales del cine -derivadas del registro de lo real- en el interior de la ficción, la inmediatez de la mirada, una poética que el desorden y el caos de los primeros años tras el final del fascismo y la ocupación nazi de Italia- y la ausencia de estructuras y convenciones tradicionales de producción- propiciaban. Y es justo aquí donde Roma ore 11 se aparta del neorrealismo.


Fotograma de Roma ore 11


La producción corre a cargo de la Titanus, prescinde de los actores no profesionales y de los escenarios reales, y la puesta en escena recurre a la mediación artística y técnica de un filme convencional -decorados, dirección artística y estrellas-. Roma ore 11 fue el más caro de los filmes italianos de postguerra. Y aquí conviene apuntar que constituyó también un gran éxito de público, como lo había sido Arroz amargo (1949) también de Giuseppe de Santis, al contrario que filmes-emblema del norrealismo. Un caso revelador resulta Ladrón de bicicletas. En sus memorias, Mi vida con Vittorio De Sica, María Mercader escribe a propósito del estreno del filme en 1948:

En Roma fuimos un par de veces al cine para espiar las reacciones de los espectadores que salían del cine Metropolitan. Estábamos hablando en voz baja con el dueño y vimos salir de la sala a un hombre con aspecto de obrero, junto con su mujer y sus hijos, que se acercó y dijo a nuestro interlocutor:
-Devolvednos el dinero y advertid en la cartelera a las familias numerosas cuando la película sea una burla.

En fin, Ladrón de bicicletas sigue tan viva como siempre, pero nunca fue un éxito comercial. Contemplar Roma ore 11 contribuye a valorar cabalmente los logros que representan los filmes neorrealistas de De Sica, Rossellini, Zampa, Lattuada o Germi. Pero también para admirar la coralidad del filme de De Santis, sobre todo en los momentos previos al accidente, con la interacción de las mujeres apretujadas escaleras arriba, o tras el accidente, cuando los familiares acuden en busca de las mujeres heridas en el hospital, y el travelling con Lea Padovani y un cliente por el barrio lumpen donde vive, desprendiéndose de los "complementos" que le prestaron otras mujeres para completar el vestuario con que ejerce la prostitución en Roma, una escena tan triste que hasta el cliente renuncia tras haberle dejado un dinero y se aleja de la miseria que le rodea. O sea, del neorrealismo del que también se aleja De Santis al enmascarar la contigüidad con lo real del argumento con los afeites de un melodrama comercial.



Nuestra estancia coincidió con los últimos días del IndieLisboa, el festival de cine independiente. Dos notas: una gran asistencia de público -seis películas que nos interesaban no pudimos verlas porque las entradas de las últimas proyecciones se había agotado (Prince of Broadway de Sean Baker, Louise-Michel de Benoît Delépine, Ballast de Lance Hammer que recibió el Premio del festival, The Happiest Girl in the World de Rudu Jude, My Only Sunshine de Reha Erdem y Alicia en el País de Esteban Larrain- y descuido en detalles que considero irrenunciables en un festival de cine -puntualidad y una proyección primorosa-. Respecto a la proyección, dos notas: no disculpo ni las malas copias ni la mala proyección ni que la organización se ahorre pedir disculpas cada vez que se incurren en esas deficiencias; se disculpa pero resulta irritante el doble subtitulado -la copia viene subtitulada en inglés y se subtitula electrónicamente en portugués-. Tampoco se entiende que el público -se supone que cinéfilo- transija con las deficiencias y no reivindique el subtitulado único en portugués. Por último, sería deseable una programación más reducida, más cuidada y una proyección intachable. Se trata de mínimos que el cine independiente se merece y que sus promotores deberían considerar irrenunciables.


Premio del IndieLisboa 09


Vimos cuatro películas de la programación del IndieLisboa 09. Empezamos con South Main de Kelly Parker (EUA, 2008), un documental que no merecía formar parte de la programación del festival. Los primeros diez minutos presagia atención por los detalles y cuidado visual para mostrar a tres mujeres que se ven obligadas a abandonar las casas donde viven en un barrio que van a demoler porque es un foco de gangs juveniles en un suburbio de Los Ángeles. A los veinte minutos unos advierte que la película deviene relato oral de las protagonistas, impelidas por preguntas tan "sustanciosas" por parte de la directora como "¿Te sientes pobre?". Apenas se salva alguna escena reveladora -uno acaba por pensar que a pesar de la propia Kelly Parker-, como aquélla en que los niños juegan con pistolas de agua con tal convicción gestual que casi da miedo.

Una nouvelle ère glacière de Darielle Tillon (Francia, 2008) cuenta una historia centrada en dos hermanos de veintitantos años que llevan un bar en Normandía, se acaba la temporada de verano y planean qué hacer durante el invierno. Entonces el hermano mayor desaparece. Una desaparición profetizada desde la infancia que se nos revela a través de una escena con la madre que narra un episodio con visos de cuento terrorífico y profético. La odisea del pequeño buscándolo constituye la espina dorsal del relato que nos muestra espacios infrecuentes en una pantalla. Se trata de una película que se desplaza sombría y enigmática desde las latitudes del Atlántico Norte hasta Bulgaria, en los confines danubianos. Excesivamente sombría y enigmática, sobre todo porque el final que debería iluminar la odisea empobrece -incluso ningunea- lo que acabamos de contemplar.




Wendy and Lucy de Kelly Reichardt (EUA, 2008) responde al prototipo de la película independiente americana (en la producción encontramos a Phil Morrison, el director de Junebug) con una historia mínima y una actriz estimable, Michelle Williams (Wendy), en una película de viaje que se interrumpe cuando el coche la deja tirada en un pueblo de Oregón y pierde a la perra (Lucy). Sabe a poco, la trama se empantana en la búsqueda de la perra y pierde la ocasión de profundizar en la interacción del personaje con la "fauna" local.

Y Help Gone Mad de Boris Khlebnikov (Rusia, 2009), una película a competición, nos reconcilió con el IndieLisboa de este año. Una película que entrevera la pareja cervantina, un don Quijote y Sancho Panza, dos desheredados en lo más crudo del duro Moscú actual, con unas gotas del humor de los filmes de Aki Kaurismäki y la vena satírica de un Gogol. Una obra que merece verse, con unos actores magníficos, y una puesta en escena donde el drama y la comedia se combinan con tan justas proporciones que nunca sabemos exactamente en cuál de los dos mundos estamos, o dicho de otra forma, avanzamos en el filme como si cabalgáramos con un pie sobre cada uno de los caballos. El momento en que el Quijote de la pareja olvida la aventura que tenían entre manos y el Sancho Panza toma el relevo y se empeña en llevar a cabo lo que su compañero había imaginado es puro Cervantes. Cine cine. Estad atentos por si viene por estos lares. El coloquio con el director al que un miembro del jurado preguntaba en inglés y le traducían las preguntas al ruso, y cuyas respuestas eran traducidas al portugués y al inglés, se convirtió en un diálogo de sordos. Lástima


Fotograma de Help Gone Mad


Y como era el último día en Lisboa, tras la sesión, nos fuimos en un taxi preto e verde a cenar, a terminar la noche y a despedirnos de la ciudad blanca en el Bairro Alto.


2 comentarios:

  1. Hola chicos! Además de haber disfrutado de ese cine en Lisboa, recomendáis la ciudad para estudiar cine? Sabéis algo de la Escola de Cinema e Teatro de Lisboa? Estoy buscando dónde estudiar y no tengo ninguna referencia hasta el momento... Gracias!!

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  2. La verdad es que recomendaría Lisboa para cualquier cosa. Mi último contacto con la Escola de Cinema e Teatro de Lisboa data de los noventa, no sé qué profesores imparten clase ahora ni qué tal funciona. Allí estudió uno de los grandes (Pedro Costa) pero eran tiempos con profesores como Bénard da Costa... En resumidas cuentas, procura enterarte de quién imparte clase y si hay uno o dos profesores que puedan resultar inspiradores, adelante. Buena suerte.

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