23/1/10

La canción del viejo marinero


El viejo Tristán, así lo consideran en Santa Mariña de Cormare, aunque en realidad sólo cumplió cincuenta y cinco años. Dejó de ir al mar. Nadie lo quiere en su barco. Trae mala suerte llevar a un marinero que ha sobrevivido a tres naufragios. Pero Tristán está convencido de que su peor naufragio, el definitivo, sucedió en tierra. Su mujer, Isolina, lo abandonó hace treinta años y Tristán reconoce que con toda la razón del mundo.

Hace treinta años y parece que fue ayer. Por aquel tiempo navegaba en un mercante y llevaba año y medio lejos de Santa Mariña de Cormare, de puerto en puerto, por todos los mares del mundo. Entregado en el aquel de ahorrar cada peseta que ganaba para construir una casa para su mujer, Isolina, para darle al fin el hogar que merecía. Se acercaba el momento del regreso: el mercante haría puerto en Veracruz y dos días después pondrían rumbo a Vigo. Y luego a Santa Mariña de Cormare, a casa, con Isolina.

Faro Venustiano Carranza
en el puerto de Veracruz


Aún hoy no se explica qué le pasó por la cabeza, qué mal consejo le susurró el diablo al oído. Dejó el barco y se quedó en Veracruz, alquiló una suite en el mejor hotel de la ciudad y la llenó con una docena de putas, un grupo de mariachis y tequila sin tasa. Y en un mes gastó cuanto había ahorrado en años. Por supuesto, perdió el barco. Y a Isolina. Lo perdió todo. Casi se olvida de quién era, si no llega a ser por un corrido que aún se canta en las noches de Veracruz, que lleva su nombre y cuenta su historia.

La única explicación que le encuentra a su comportamiento es que en aquel año y medio dio tantas vueltas al mundo que perdió el sentido de la orientación. En Santa Mariña de Cormare ahoga sus penas en vino, cuenta historias peregrinas que ya casi nadie quiere escucharle, pero uno se acerca al viejo porque ni en siete vidas se hubiera podido vivir la tercera parte de lo que cuenta Tristán.

En Santa Mariña de Cormare perdieron un mareante pero han ganado un contador de historias, historias de un mundo perdido que los cuentos del viejo marinero celebran como quien desgrana una elegía Y es como escuchar a Sherezade. Pero cuando Tristán tiene la borrachera triste y le pesa la memoria de Isolina canta corridos y es como si leyéramos los posos con que Veracruz amojonó su alma.

3 comentarios:

  1. La historia... si te paras a pensarlo, como tantas otras. Es la vida.

    Pero la manera en que nos la has contado... eso sí ha sido grandioso.

    Buen sábado.

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  2. Como tantas otras grandes historias, uno se alegra de no haberla vivido en propias carnes, pero sí que nos la cuenten tan bien como tú lo has hecho.

    Impresionante personaje y fabulosa historia. Y qué título más bien escogido...

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  3. Bonita y triste historia la de Tristan.
    Algunas veces la vida obliga a la locura,es una forma de sentirse vivos.
    Mañana con el periódico una entrega de la Isla del Tesoro.
    Un saludo

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