4/4/13

Hotel Shangri-La




Jueves

Necochea. A orillas del océano.
Camino a lo largo de una inmensa playa, endurecida y bruñida por la marea alta que la inunda cada día. Las casas de Necochea desaparecen detrás de las rocas.
Soledad y arena, oleaje: ese estrépito soporífero que se hunde a cada momento. Espacios, distancias, infinitud. Frente a mí, y hasta Australia, no hay más que este agua encrespada, de crestas brillantes; al sur las islas Falkland y las Orcadas, y luego el Polo. Y detrás de mí, "el interior": Río Negro, la pampa... El mar y el espacio retumban en los oídos y en los ojos, creando en mí el caos. Camino y me alejo cada vez más de Necochea, hasta que por fin desaparece incluso su recuerdo y sólo queda el mismo alejarse ininterrumpido, eterno como el secreto que llevo conmigo.
Me he alojado en el hotel Shangri-La.

Gombrowicz en 1965

El texto anterior corresponde a una entrada de 1958 del Diario (1953-1969) de Witold Gombrowicz, traducido del polaco por Bozena Zaboklicka y Francesc Miravitlles.


No sé dónde leí algo de Gombrowicz a propósito de la claridad en el arte. Cito de memoria (pero creo no equivocarme): ¿Claridad? La claridad de la noche.

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