30/12/11

La historia de un libro que nunca se escribió


A veces me da vergüenza ponerme a leer (en el sofá o en la cama) al lado de Ángeles. Ella con sus novelas gordas y yo con lecturas desmedradas. Como hoy sin ir más lejos. Ella con las más de mil páginas (en la edición de bolsillo) de Nuestro amigo común de Dickens (creo que ya es la tercera vez que lee la novela en lo que va de siglo) y yo con un librito de ochenta páginas escasas. Creo que ya he perdido su respeto como lector de novelas. A este paso voy a tener que leer a escondidas, así que no os extrañe si no vuelvo a traer aquí lecturas de menos de quinientas páginas, o sea ¿nunca más? En fin, vayamos con el librito.


Supe de Los náufragos del Batavia por un artículo de Vila-Matas en el Babelia hace un par de semanas. No os lo enlazo porque, si os animáis -animaos- a leer el librito de Simon Leys, más vale que os lo ahorréis: Vila-Matas cuenta -y destripa- demasiado. En cuanto le puse los ojos encima, el instinto me gritó ¡no lo leas! y le hice caso, me limité a tomar nota del título y sólo después de leer el relato volví al artículo y comprobé que puedo fiarme del instinto lector (ahora imaginad una sonrisita irónica de Ángeles). Podéis seguir leyendo tranquilamente, no me haré acreedor a los reproches que le acabo de endosar al por otra parte admirado Vila-Matas.

Simon Leys

El naufragio del Batavia, un barco de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales, fue el más célebre y documentado de los naufragios del siglo XVII, tan famoso como el del Titanic el siglo pasado. Simon Leys se pasó dieciocho años estudiando la documentación, tomando notas, elaborando croquis, visitando el archipiélago de los Houtman Abrolhos en la costa occidental de Australia donde aconteció el desastre, pasando temporadas en las islas, haciendo fotos... En pocas palabras viviendo con la historia del naufragio con vistas a un libro cuya escritura iba postergando mientras temía que alguien se le adelantara. Hasta que en 2002 apareció Batavia's Graveyard de Mike Dash (hay una edición española, La tragedia del Batavia), y Simon Leys supo que nunca iba a escribir el libro que había incubado casi dos décadas.

Una réplica del Batavia

Entonces escribió su librito Los náufragos del Batavia con el único deseo, asegura, de inspirar el deseo de leer aquél. Qué cabrón. Creo que Simon Leys le hizo un flaco favor -que digo flaco, escuálido-, porque después de leer su espléndido relato -ochenta páginas de pura fibra narrativa (con un brevísimo prólogo también magnífico)- quién quiere leer las más de seiscientas del otro. Si fuera uno de esos productores de Hollywood con verdadero poder y amor al cine (¿habrá de esos allí?), pondría Los náufragos del Batavia en manos de Coppola -se necesita un cineasta capaz de abismarse en las tinieblas del corazón y luego en el corazón de la tinieblas- y lo seduciría para alejarlo de sus viñedos y volver al cine a lo grande con un gran libro minúsculo, la historia de un naufragio que deviene una historia de horror. La historia de un libro que nunca se escribió.  

3 comentarios:

  1. Me encantan tus lecturas, así que tomo nota.
    Y aprovecho para deseraros felices fiestas.
    Un abrazo a ambos

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  2. ¿Sabes qué es muy bonito de tus entradas, además de las cosas interesantísimas que nos traen? El cariño que se le coge a Ángeles a través de tus dulces pinceladas :-)

    Feliz año de lecturas compartidas a los dos.

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