29/1/11

El abrigo de la oscuridad

En octubre de 2005 Víctor Erice le escribió una carta a Abbas Kiarostami en la que le contaba que había filmado a los niños de una escuela de Arroyo de la Luz, en Extremadura, mientras veían Dónde está la casa de mi amigo. Como había filmado a Ana Torrent viendo El doctor Frankenstein más de treinta años antes en El espíritu de la colmena. la correspondencia continuó. Y tres años después Kiarostami estrenó lo que bien pudiera verse como una larga carta a Víctor Erice.




Abbas Kiarostami filmó en Shirin (2008) a más de cien actrices, todas iraníes con la única excepción de Juliette Binoche, encarnando en sus rostros las emociones del cine mientras ven una película inspirada en un poema del siglo XII que cuenta la trágica historia de amor de la princesa Shirin, y de la que se escucha una elaborada banda sonora que crea el contracampo de los primeros planos de las actrices. Shirin pone en escena la experiencia de ver una película, la experiencia del cine.




El germen de Shirin podemos descubrirlo en un texto de Kiarostami con motivo del centenario del cine: En un principio pensaba que las luces en el cine se apagaban para que pudiésemos ver mejor las imágenes en la pantalla. Luego miré al público sentado cómodamente en su butaca y vi que existía una razón mucho más importante: la oscuridad ayuda al espectador a aislarse y estar solo. Están con otros pero al mismo tiempo alejados de ellos. Cuando mostramos un mundo cinematográfico a la audiencia cada uno de ellos aprehende un universo personal a través de la experiencia de la riqueza de su propia experiencia.    




Ahora conviene añadir que las actrices no ven ninguna película, que no existe tal película sobre la princesa Shirin, que sólo cobra visos de realidad  a través de las miradas de las espectadoras, de la banda sonora y de nuestra mirada: cómo no va a existir si la están viendo, cómo puede no existir si esas mujeres la ven, cómo no va a ser real si la vemos, aunque no exista.



Shirin es un experimento y una experiencia, aunque más una experiencia que un experimento (o un experimento que deviene experiencia). Hilvana retratos, pero también paisajes. Del alma. Una mise en abîme sobre el aquel de ver. Una investigación sobre la mirada desnuda. Una celebración del rostro de las actrices. Shirin invoca el rito fundacional del cine y explora el estremecimiento en la sala oscura, cuando el misterio que viaja en un tren de sombras nos acaricia los ojos. Una historia de amor y un arte de amar.


  

Shirin representa el encuentro del espectador con una mirada que nos cobija: el cine que nos mira. Esta noche recordé el sueño, tan triste, que cuenta Jean-Pierre Leaud en La maman et la putain (1973) de Jean Eustache: el cine había desaparecido y nadie en el mundo recordaba lo que era una película, ver una película. Y me vino a la cabeza lo que pensaría un ser humano de ese mundo sin cine si pudiera ver a las mujeres de Shirin.


Quizá vería en ellas algo parecido a lo que se ve en el arrobo de la luz en las pinturas de Georges de La Tour, un icono, la epifanía de lo sagrado.


Pero hay algo más en Shirin: una ofrenda a la mujer iraní, y al cine en el que encuentran el último -si no el único- refugio. El abrigo de la oscuridad contra la intemperie del mundo.

6 comentarios:

  1. Impresionantes esas caras de mujeres.

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  2. Belleza en estado puro, sensibilidad a flor de piel.
    Una entrada para enmarcar.

    Abrazo.

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  3. Cuantas cosas dicen los ojos de esas mujeres Y que belleza de entrada, Daniel. Un beso

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  4. El cine, ese compuesto de lo que vemos,oímos ,sentimos ...Un arrastre de emociones y sentimientos que afloran...
    Un saludo

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  5. “que belleza de entrada, Daniel”, como dice Alma.
    “contra la intemperie del mundo” nos cobija el cine y la literatura, bueno, el arte.

    Anoche vi “La última película” (sin planchar ni nada, tranquilamente)
    Que contraste entre el cobijo y la intemperie que necesita ser barrida.

    Daniel, gracias.

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  6. ¡Que hermosa entrada!

    Estoy convencido de que el mayor valor que estos experimentos cinematográficos puedan tener consiste precisamente en generar reflexiones tan interesantes como las tuyas. Y no me parece poco, ni mucho menos. Pero para un espectador, digamos que no tan implicado, acaba resultando, cuanto menos, tedioso.

    Me encanta el cine de Kiarostami, y aunque no he tenido ocasión de ver esta que comentas aquí, sí he visto recientemente "Ten", y más allá del debate que puedan despertar las diez historias que nos cuenta, se me hizo insoportable en muchos momentos. Pero seguro que comentarla contigo sería un placer.

    Sí me pareció soberbia "Copie Conforme", y más aún después de leer la entrada que le dedicaste.
    Ahora no sé qué hacer con "Shirin". Me da la impresión de que se trata de otro experimento como "Ten" y lamentaría mucho que su visionado me quitara el buen sabor de boca que me ha dejado tu artículo.

    Un abrazo fuerte y enhorabuena, una vez más, por este texto que nos hace ver el cine más allá de lo que perciben nuestros ojos.

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