20/5/12

La aguja de marear (de Carlos Pujol)




Cada personaje somos nosotros o es un error, cada palabra es nuestra o nos equivocamos.

Hay que escribir como un sonámbulo. Lo demás es oficio, necesario, pero no basta.

Escribir de un modo que dé la sensación al lector de algo que necesariamente tenía que expresarse así, con estas mismas palabras y en este orden. Si cabe algún resquicio para la duda es que nos hemos equivocado.

En literatura las buenas ideas se reconocen en seguida: tienen ya como trazado su cauce de palabras, y son alegres y sorprendentes.

Se escribe con recuerdos e imaginaciones, no con lo que se ve.

Hay que cerrar los ojos para ver mejor lo que se está escribiendo.

Se escribe para oír la música de dentro.

La literatura de verdad sale de lo incomprensible.

Una novela mete el mundo en un frasco de cristal; el contenido adopta su forma, pero la vasija ha de ser transparente.

Lo que se pueda decir en prosa que no se diga en verso; lo que se pueda contar sin ficción que no se cuente con el disfraz de la novela.

Decir lo máximo con recursos mínimos. O que lo parezcan.

El cine, hijo adulterino de la novela, da consejos de oro a su madre.

La difícil paciencia, corregir flaubertianamente.




                                                         (Del Cuaderno de escritura de Carlos Pujol.)

1 comentario:

  1. Nunca había leído definiciones tan maravillosas sobre la escritura.

    Me apunto el libro, a ver si lo encuentro.
    Un abrazo Daniel

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