9/9/11

Filmar, una historia de amor

Truffaut escribió una vez que los grandes momentos del cine afloran en el encuentro de un director con una actriz. Los de su generación, pero quizá no sólo los de la suya, se hicieron cineastas para filmar a las mujeres que amaban o que podrían amar; porque rodar era una forma de vivir las más bellas historias de amor. E hicieron películas para que los espectadores compartiéramos el amor que ellos vivieron mientras las filmaban. Como ellos, cinéfilos compulsivos, que se habían enamorado tantas veces en la sala oscura. No tiene nada de extraño: el cine es una experiencia erótica y, ante la pantalla, la mirada del espectador se ioniza de deseo en la ardiente oscuridad.

Jeanne Moreau y Truffaut en el rodaje de Jules et Jim (1962)

Cuando estoy trabajando me convierto en un seductor, es algo que percibo, y al mismo tiempo, este trabajo, que es el más hermoso del mundo, hace que me sienta en un estado emocional que me empuja a iniciar una historia de amor. Ante mí tengo casi siempre una joven o una mujer, emocionada, temerosa y obediente, que confía en mí y está dispuesta a abdicar. Luego, siempre sucede lo mismo. Unas veces la historia de amor se sincroniza con el rodaje y termina cuando éste toca a su fin, y otras veces se prolonga más allá por la voluntad de uno de los dos o de ambos... le escribía Truffaut a una amiga durante el rodaje Las dos inglesas y el amor (1971). Y fue lo que le aconteció con Kika Markham, una relación que surgió mientras se filmaba la película y sobrevivió unos meses después.

Kika Markham y Truffaut 
en el rodaje de Las dos inglesas y el amor

Pero hay más. En Las dos inglesas y el amor, Claude (Jean-Pierre Leaud, el alter ego de Truffaut en tantas películas) se enamora de las dos hermanas, Anne (Kika Markham) y Muriel (Stacey Tendeter) -las dos inglesas del título-, como Tuffaut se había enamorado de otras dos hermanas: Françoise Dorleac, la Nicole de La piel suave (1964), y de Catherine Deneuve, la Marion de La sirena del Mississipi (1969).

Arriba, Truffaut con Françoise Dorleac
en el rodaje de La piel suave
debajo, con Catherine Deneuve 
en el rodaje de La sirena del Mississipi

Como a Claude, a una se la arrebata la muerte y la otra lo abandona para siempre. Las dos inglesas y el amor no sólo es otra de esas historias de hermanas que tanto me gustan; de hecho, no puedo ponerla en el mismo saco. Ver Las dos inglesas y el amor, aquella noche de agosto de 1974 en el cine Yut de Tui, significó uno de esos momentos cardinales de mi educación sentimental, cuando el cine era la escuela de todas las cosas. Tenía dieciocho años y era el único espectador de la última sesión, estaba solo con Claude, Anne y Muriel.




De madrugada, volví a casa. Andando. Apenas eran dos kilómetros, pero fue un viaje muy largo. Cuesta un mundo regresar, cuando sales de la noche del cine y te pierdes en la noche del mundo en compañía de los fantasmas de una historia de amor.

Arriba, Truffaut con Julie Christie 
en el rodaje de Farenheit 451 (1966); 
debajo, con Isabelle Adjani en el rodaje 
de Diario íntimo de Adela H. (1975)

En el cine de Truffaut no sólo filmar representaba una historia de amor -y las historias de amor amojonan su filmografía-, sino que las historias de amor que filmaba eran espejos de las historia de amor que vivía.


Entonces quién podría filmar una película como El hombre que amaba a las mujeres (1977) -¿por qué la habrán titulado ahora El amante del amor si la traducción literal es mucho mejor?- sino el cineasta que amaba (filmar) a sus actrices.

Fanny Ardant con Truffaut 
en el rodaje de La mujer de al lado 

Hace treinta años, mientras rodaban La mujer de al lado (1981), quizá la película suya que llevo más dentro (y que más veces re-miro sin verla), Truffaut y Fanny Ardant -la Mathlide del filme- se enamoraron.


La mujer de al lado fue su última gran historia de amor. Y Fanny Ardant, el último gran amor de su vida.

                                                                                                      (Continuará.)
    

2 comentarios:

  1. Bravo, bravísimo. Comparto cada una de sus palabras, sensaciones, evocaciones y sentimientos. De Truffaut, sus películas y sus mujeres ¿qué puedo decir? ya lo ha dicho usted.
    Quizás sí puedo añadir que las filmaciones son momentos especiales, extraños, donde todo puede suceder (o uno lo espera), y donde muy a menudo nacen —— y mueren –— historias de amor. Cuando no sucede nada de eso, a uno o a los demás, es como si no hubiera valido la pena estar allí. Escrito queda romántico y bonito, pero vivirlo es un dolor.

    Un cordial saludo.

    p.d.: tanto "Las dos inglesas y el amor" como "Jules et Jim", me produjeron tal impacto emocional que aún se me viene encima al recordar esas proyecciones, la primera de ellas también en la soledad de un viejo cine.

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  2. Hermoso, muy hermoso. Se me hace inevitable citar este pasaje:"De madrugada, volví a casa. Andando. Apenas eran dos kilómetros, pero fue un viaje muy largo. Cuesta un mundo regresar, cuando sales de la noche del cine y te pierdes en la noche del mundo en compañía de los fantasmas de una historia de amor". Entrañable.

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