23/4/12

El demonio de los libros (y viceversa)





En uno de sus cuadernos en octavo, Kafka nos cuenta la cocina de El Quijote en quince líneas preñadas de humor (kafkiano, naturalmente). Digamos que lo relee -o lo reescribe, que viene siendo lo mismo- kafkianamente, en una prosa brevísima que lleva por título La verdad sobre Sancho Panza:

Sancho Panza, que por lo demás nunca se jactó de ello, logró, con el correr de los años, mediante la composición de una cantidad de novelas de caballería y de bandoleros,  en horas del atardecer y de la noche, apartar a tal punto de sí a su demonio, al que luego dio el nombre de don Quijote, que éste se lanzó irrefrenablemente a las más locas aventuras, las cuales empero, por falta de un objeto predeterminado, y que precisamente hubiese debido ser Sancho Panza, no hicieron daño a nadie. Sancho Panza, hombre libre, siguió impasible, quizás en razón de un cierto sentido de la responsabilidad, a don Quijote en sus andanzas, alcanzando con ello un grande y útil esparcimiento hasta su fin.

A través de la mirada de Kafka, la obra de Cervantes se revela como un sortilegio de Sancho para librarse de los fantasmas de sus lecturas; los echa fuera, a cuestas del caballero andante. El Quijote deviene así un exorcismo. Pero el rapto más hermoso de las líneas de Kafka aflora en la lealtad de Sancho -un cierto sentido de la responsabilidad- con su criatura, echándose a los caminos en compañía del hidalgo que llevaba por yelmo una bacía. Como apunta Calasso en K. -un viaje al universo del autor de El castillo-, Sancho no podía vivir sin sus fantasmas -tampoco Kafka, qué podía haber más apasionante-, pero debía apartarse de ellos lo suficiente porque lo hubieran matado:

El logro más elevado consiste en establecer cierta distancia. Sentarse a una mesa y observar las potencias, como las apariciones en el delirio desenfrenado de don Quijote. Con alivio, incluso participando. Siguiéndolas mientras se transforman, pero siempre aparte, como un mero comparsa. No se puede pedir más. Ésta es la suprema sabiduría. Sancho Panza es el único ser al que Kafka ha definido como 'un hombre libre'.

Una responsabilidad de escritor con el demonio de los libros. Y con los libros del demonio.


(La traducción del texto de Kafka se le debe a Alejandro Ruíz Guiñazú; la del fragmento de Calasso, a Edgardo Dobry. El dibujo es obra de Kafka.)

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