22/6/12

El dios del lugar


Mariana Cook fue el último de los discípulos del gran fotógrafo Ansel Adams. Durante ocho años ha fotografiado muros de piedra en medio mundo, empezando por el que separa su propiedad de la del vecino en Martha's Vineyard; el muro que un día se desmoronó y fue entonces cuando la mirada de Mariana Cook quedó cautiva de tanta belleza, prendida en aquella epifanía.


Luego se echó a los caminos con dos cámaras de formato medio y un trípode en busca de otros muros de piedra, desde las islas de Arán a Malta, desde Inglaterra a Perú, desde Francia a Kentucky. Y publicó Stone Walls. Personal Boundaries, un libro cuyos beneficios van destinados a una asociación de Kentucky dedicada a la conservación de las construcciones de piedra.


Me gustó mucho encontrar a esta fotógrafa que comparte nuestro amor por los muros de piedra. Cómo no iba acordarme del maestro. Cuánto le habrían gustado estas imágenes. Más de una vez me guardó algún muro de piedra recortado (a mano, siempre a mano, nunca con tijeras) de una revista o de un periódico, para que escribiera alguna escena con esa localización. Casi puedo ver cómo clava alguna de estas fotografías en el estudio y...



















En cada muro de piedra, en el tiempo destilado por sus formas, resuena la escritura que religa la tierra con el cielo, la necesidad íntima de un hilo con la experiencia de lo inefable, la celebración de un rito de pertenencia a algo más grande que nosotros. Los augures griegos de los tiempos antiguos leían en un retal del cielo el vuelo de los pájaros y delimitaban con piedras el correspondiente retal en la tierra: el témenos, el recinto sagrado, animado por el dios del lugar.

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