15/8/13

El cine de las escaleras


De todos los motivos visuales siento debilidad por las ventanas, los espejos y las escaleras.

Le plaisir de Max Ophüls 

Cuando una mujer sube la escalera de Mikio Naruse


El tercer hombre de Carol Reed

Escrito bajo el sol de John Ford

Le mépris de Godard

Historia de Marie y Julien de Rivette

Una historia de violencia de Cronenberg

A veces una escalera se cruza con un espejo.

Un ladrón en la alcoba de Lubitsch

La escalera de caracol de Robert Siodmak

La heredera de William Wyler 

O con una ventana.

El sur de Víctor Erice

Motivos visuales que devienen metáforas narrativas.

Yo anduve con un zombie de Jacques Tourneur

Ángel o diablo de Otto Preminger

Terciopelo azul de David Lynch

La escalera representa una figura primordial de la progresión dramática que debe cifrar la secuencia -de escalones (incidentes de la trama)- esbozada en esa matriz del guión llamada escaleta; un término que, como todo el mundo sabe, proviene de scala, o sea, escalera en latín (aunque en su acepción del vocabulario profesional del guionista llega probablemente por la vía del italiano).

Robin de los bosques de Michael Curtiz

Forajidos de Robert Siodmak

El apartamento de Billy Wilder

Las escaleras tienen  mucho cuento.

Los violentos años veinte de Raoul Walsh

El cuarto mandamiento de Orson Welles

Force of Evil de Abraham Polonsky

...à Valparaiso de Joris Ivens

Baby Doll de Elia Kazan

El sirviente de Losey

Carta de una desconocida de Ophüls

Cuentan lo suyo las escaleras.

Eva al desnudo de Joseph L. Mankiewicz

El increíble hombre menguante de Jack Arnold

Que el cielo la juzgue de John M. Stahl

La muchacha de la Quinta Avenida de Gregory La Cava

Céline et Julie vont en bateau de Rivette

West Side Story de Robert Wise

The Great Ziegfeld de Robert Z. Leonard

Los cuentos de las mil y una escaleras, la historia del cine. Las escaleras cuentan hasta cuando no se ven, como en las películas de Ozu; cuentan tanto que refuerzan la clausura en los reductos de intimidad de las mujeres de su cine.

Flores de equinoccio de Ozu

Akibiyori de Ozu

Una escalera -basta ponerle los ojos encima- cifra una promesa. Una espiral de emociones.

La escalera de caracol de Siodmak

El tercer hombre de Carol Reed

Portrait of Jennie de William Dieterle

Casque d'or de Jacques Becker

Mientras Nueva York duerme de Lang

De repente el último verano de Mankiewicz

The Haunting de Robert Wise

En una escalera puede suceder cualquier cosa.

El beso de la muerte de Henry Hathaway


Atrapados de Ophüls

Lo que el viento se llevó de Victor Fleming

A tiro limpio de Francisco Pérez-Dolz

Johnny Guitar de Nicholas Ray

Un tranvía llamado de Deseo de Kazan

Furtivos de Borau

Obsession de Brian De Palma

Amenaza y esperanza. Huida y persecución. Angustia y amparo. Un duelo y una danza. El calvario y la espera.  Subida a los cielos y bajada a los infiernos (o viceversa).

La loba de Wyler

Vincent de Tim Burton

La heredera de Wyler

Le plaisir de Ophüls

Sunset Boulevard de Billy Wilder

Funny Face de Stanley Donen


Ran de Kurosawa

La vida y la muerte.

A vida o muerte de Michael Powell y Emeric Pressburger

Johnny Guitar de Nicholas Ray

Muerte entre las flores de Joel Coen

El Padrino III de Coppola

Nostalgia de Tarkovski

Tránsito y frontera.

Nosferatu de Murnau

El acorazado Potemkin de Eisenstein


Lulú de G. W. Pabst

M de Fritz Lang

The Black Cat de Ulmer

Qué verde era mi valle de John Ford

House by the River de Lang

Arabescos y laberintos.

El ministerio del miedo de Lang

Danger: Diabolik de Mario Bava

Kagemusha de Kurosawa

Spione de Lang 

Campanadas a medianoche de Welles

Le plaisir de Ophüls

Hitchcock le comentó a Truffaut que la función primordial de la puesta en escena en el cine era contraer o dilatar el tiempo. Le faltó añadir que para tal propósito nada como una escalera.


Esa interminable bajada de las escaleras de la mansión de Alex Sebastian en Encadenados.

Encadenados de Hitchcock. 
Un descenso a los cielos y un ascenso a los infiernos.

Otro tanto puede decirse del ascenso (dilatado) -por dos veces- al campanario de la misión en Vértigo.

Otro ascenso a los infiernos.

Por no hablar de ese asesinato elidido (espacialmente) en Frenesí pero -Hitchcock evita la mínima elipsis temporal- vivido mientras acontece, al tiempo que retrocedemos con la cámara escaleras abajo, hasta la calle.


Hitchcock suspiraba por las escaleras (le bastaba una para hacer cine).

Blackmail

Enviado especial

Rebeca

Sospecha

La sombra de una duda

Extraños en un tren

Yo confieso

Crimen perfecto



Las escaleras tienen mucho cine.

1 comentario:

  1. ¡En las escaleras del cine uno siempre puede contar más cosas que escalones!

    Ahora, no sé por qué, me vienen de repente a la cabeza las de El Exorcista, las exteriores y las de la propia casa.

    Preciosas capturas, un saludo.

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