18/1/12
El barquero amigo
Acabo de saber que ha muerto Carlos Pujol. Tengo siempre a mano Algunos poemas de Emily Dickinson, elegidos y traducidos por él, un libro editado en la colección La Veleta, que dirige Andrés Trapiello. El domingo vine aquí con tres de esos poemas, uno por cada año de esta escuela. Le debo a las traducciones de Carlos Pujol horas lentas inolvidables, El pasajero clandestino de Simenon, Cien poemas de John Donne -El corazón es tan poquita cosa / cuando cae en las manos del amor...- o El primo Pons de Balzac. Entendía la traducción como un puro ejercicio con las palabras que le hacía ser más humilde y exacto. Además de traductor, fue poeta y novelista. Y un sabio. Y un maestro, del que a uno le hubiera gustado contarse como alumno. Me gusta verlo como el barquero de las palabras, que me acercaba páginas tan bellas a la orilla de un idioma que puedo leer. Adiós, amigo.
16/1/12
Hace falta el cine
En la fotografía vemos a Birgitte Federspiel con Dreyer, en un momento del rodaje de Ordet (La palabra, 1955). Ella encarna a Inger. Debajo, podemos verla en un fotograma de la última escena de la película, el plano después del milagro: 1/24 de segundo, un latido de lo inefable.
Un día me preguntaron por qué hace falta el cine. Fue como si me hubieran preguntado por qué hago falta yo. ¿Qué se puede decir? Cuando encontré esa imagen de Birgitte Federspiel con Dreyer -creo que no hay fotografía de rodaje que me guste más, quizá tanto, pero más ni por asomo-, vi la respuesta, sólo que... no había, no hay palabras. Ante esa mirada de Birgitte Federspiel, la Inger de Ordet, entendemos que Godard invocara lo indecible para formular aquel aforismo: el cine no es un arte ni una técnica, es un misterio. ¿Quién mira a Dreyer, Birgitte o Inger? Quizá ninguna de las dos, quizá una mirada en el tránsito de encarnar el deseo de otra mirada, en el aquel de Birgitte de que Dreyer la vea como la Inger que quiere ver, aunque él no sepa quién es esa Inger hasta que la vea, después del milagro. Lo que vemos en la mirada de Birgitte es una plegaria por Inger, y su mano busca la de Dreyer para que la lleve hasta ella, dondequiera que se encuentre. Tan lejos como a un paso. Tan cerca como a años luz. Sólo sabe que ella sola no encontrará esa mirada. Pero tiene fe. En Dreyer. En la mirada de Dreyer. Ésa es la única certeza de la mirada de Birgitte. O de Inger. Sólo sabe que van a filmar un milagro.
Y como es un misterio, las palabras se anudan en la emoción y lo envuelven como un sudario de silencio. Entonces, nadie lo dijo (escribió) mejor que Godard (sobre la imagen de La playa de Saint Aubin-sur-Mer de Courbet) en sus Histoire(s) du cinéma -y pareciera pensar en Birgitte/Inger, en Dreyer, en Ordet-, entonces hace falta el cine...
Porque el cine es un misterio de lo visible. Y ve lo que no se puede ver. Para que veamos.
15/1/12
Otra velita
Como estas tres velitas de Der müde Tod (1921), la película de Fritz Lang, inspirada en una línea -el amor es tan fuerte como la muerte- del Cantar de los Cantares, que el cineasta transformó significativamente en el amor es más fuerte que la muerte, un filme que supuso para Buñuel la revelación de los poderes del cine y tanto cautivó a Hitchcock, y que tanto nos gusta; Der müde Tod significa La muerte cansada, pero en inglés se tituló Destiny -o sea, destino, el gran tema de Fritz Lang, o mejor: el amor contra el destino (o viceversa)- y (no sólo) aquí Las tres luces. Ángeles apunta, de paso, que si se toma el trabajo de archivar esta escuela no será porque sólo escribo tonterías (nótese la estratégica ubicación del adverbio), por no hablar de la fidelidad que les debo a quienes fielmente me leen, y se guarda algunos motivos que sabe primordiales, como seguir conversando con el maestro o darle razones al amigo Diomedes Díaz para ponerme los puntos sobre las íes desde las colinas de Valparaíso. Le hemos lavado la cara a la escuela, bueno, fue nuestro hijo quien le limpió la pantalla para hacerla más legible, y dispuso las etiquetas en una estela votiva, para que salten a la vista tus manías, me dice; los antojos que la amojonan, estuvo en un tris de añadir.
Y por el aquel de las tres luces, os dejó aquí tres candelas de Emily Dickinson en versión de Carlos Pujol:
NOT knowing when the Dawn will come,
I open every Door,
Or has it Feathers, like a Bird,
Or Billows, like a Shore --
COMO no sé cuándo vendrá la aurora
abro todas las puertas;
si tiene alas y pluma será pájaro,
si viene en forma de ola será un mar.
UNTO a broken heart
No other one may go
Whithout the high prerogative
Itself hath suffered too.
SÓLO se puede entrar
en un corazón roto
con el gran privilegio
de haber sufrido mucho.
SILENCE is all we dread.
There's Ransom in a Voice --
But Silence is Infinity.
Himself have not a Face.
SOLAMENTE el silencio nos da miedo.
En la voz siempre hay algo que nos salva.
Sin embargo, el silencio es lo infinito.
No se le ve la cara.
D'hoxe nun ano -de hoy en un año- solía decir mi padre cuando recibía un regalo, en el brindis de fin de año o en alguna fiesta señalada. Pues eso.
12/1/12
Los pasos del héroe
Ángeles y yo sentimos una cierta debilidad por las piedras. Un castro, un dolmen, un crómlech... No perdemos ocasión de visitarlos allá donde vayamos y haya. En este finisterre -y en la comarca de Barbanza-, digamos que te tropiezas con la cultura megalítica -petroglifos y dólmenes (pongamos por caso el de Axeitos o el de Argalo)-, por no hablar de un par de castros significativos y visibles (a saber cuántos que no han sido des-cubiertos). Media docena de veces al año vamos a pasar un rato hasta el castro de Baroña, no hay otro más bello en el mundo. Pero el más humilde con puede atraparnos con sus manchas de líquenes, la luz que captura en el crepúsculo o la forma esculpida por el tiempo.
Cómo no iba, entonces, a alegrarnos la noticia de esta mañana en La Voz de Galicia, un periódico que rara vez leo (era el que estaba vacante), con el segundo café del día en un bar que tampoco frecuento: el hallazgo, en la parroquia de Santiago de Lampón en Boiro, de petroglifos con grabados raros -nada corrientes-, ni espirales ni ciervos, ni cruces ni serpientes... Pisadas, veintiséis huellas de la planta de un pie, calzado -aseguran los expertos-, de hace por lo menos dos mil años, en las lindes de la Edad del Hierro con la del Bronce. Al parecer, representan un rito de fertilidad: se trata de las pisadas de un rey -una figura en clave mitológica- inscritas en la piedra para fecundar la tierra.
A veces, al valor de un descubrimiento arqueológico se une la belleza revelada. La forma misma de esas huellas rupestres. Y el topónimo: esos lienzos de piedra con petroglifos se han encontrado en un lugar llamado Outeiro dos Corvos. En la simbología del cuervo -consulto el Diccionario de Cirlot- alienta una idea germinal, de fecundación de la tierra, asociada al poder creador y demiúrgico; para los pieles rojas, el cuervo es el hacedor de lo visible A veces, la Historia cuida también con primor los detalles de la historia, como el topónimo perfecto -de hondas resonancias (míticas)- para el escenario de los pasos del héroe.
Un trazo de carmín sobre la hierba
También podría titularse "La ninfa y el fauno" o "Venus y Pan".
O "Renoir (padre) por Renoir (hijo)". En el verano de 1959, Jean Renoir volvió a los lugares provenzales de los veranos de su infancia en Cagnes-sur-Mer, a la luz y los colores que había pintado su padre, y filmó con la memoria de aquellas formas una película de pintor, Le déjeneur sur l´herbe; un año antes había publicado Renoir, mi padre, un libro de cineasta. Otro "Renoir por Renoir".
(Los fotogramas pertenecen a una escena de Le déjeuner sur l'herbe (1959), de Jean Renoir, "Almuerzo sobre la hierba" o "Comida sobre la hierba"; la pintura, Camino entre las hierbas altas (1875) de Pierre-Auguste Renoir; la fotografía de padre e hijo data de 1916 y se atribuye a Pierre Bonnard.)
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