2/2/14

Un Feeney de Maine



Tal día como hoy hace ciento veinte años nació en Cape Elizabeth (como aquel que dice y Atlántico por medio, ahí mismo, en Maine, enfrente del faro de Corrubedo) un niño bautizado como John Martin Feeney, hijo de John y Abby, dos irlandeses del condado de Cong en el oeste de Irlanda, a donde un día viajará para rodar El hombre tranquilo, cuando llevaba más de treinta años firmando sus películas como John Ford.

John Ford con Maureen O'Hara 
en las localizaciones de El hombre tranquilo.

Han pasado ya cincuenta años desde que vi Pasión de los fuertes en el Teatro Principal de Tui (entonces Tuy). Era la primera vez que le ponía los ojos encima a una película suya.


Yo tenía ocho años y ni idea de quién era John Ford, sólo sabía que a mi padre le había gustado mucho. My Darling Clementine, maravillosamente iluminada por Joe MacDonald.


La volvimos a ver hace nada -¿cuántas van?- pero esta vez ya no pude verla seguida, a cada rato la paraba con la pausa del mando para prolongar la degustación de un encuadre, porque casi dolía en la mirada perderlo de vista... ¡y es una película tan bella!


¡Y tantas las imágenes memorables..!


Al final nos llevó verla media hora más de lo que dura, por lo menos. ¡Cuánta paciencia derrochó Ángeles! (Aunque creo que sólo la fingía, porque también ella disfrutaba congelando los fotogramas de una película que le gusta tanto.) Hay planos que llevamos con nosotros como un tiempo (secreto) de bolsillo...


Estos planos de Pasión de los fuertes, cuando los Earp -Wyatt (Henry Fonda), Virgil (Tim Holt) y Morgan (Ward Bond)- regresan de Tombstone, de noche y bajo la lluvia, y encuentran muerto a su hermano pequeño James (Don Garner)... Esos fotogramas se han quedado con uno estos cincuenta años, como imágenes de un libro de horas de la memoria, para iluminar los adentros.


Y en la memoria de Ford os dejo: nos vamos a ver Peregrinos, una película de 1933 con una extraordinaria fotografía de George Schneiderman, donde resuenan ecos de Murnau...


Y de Griffith.


Una de las obras maestras olvidadas (o desconocidas) de John Ford. Un Feeney de Maine.

No hay comentarios:

Publicar un comentario