28/9/14

Hormigas


Es sabido -lo contó el propio Buñuel- que entre las imágenes germinales de Un perro andaluz figuran el ojo tajado por la navaja de afeitar (un sueño del cineasta) y una mano-nido de hormigas (un sueño de Dalí).


Eso sí, Buñuel sólo podía filmar hormigas españolas. Cuenta Max Aub que el vaciado de la mano del cineasta para el rodaje Un perro andaluz en 1928...
...tiene un agujero en la palma donde colocaron las hormigas que [Buñuel] hizo traer del Guadarrama y que encargó desde París al profesor Bolívar [conservador de Entomología del Museo de Historia Natural de Madrid]. Los naturalistas no volvían de su asombro porque hormigas de la misma familia existían en los bosques que rodean París. Cuento esta anécdota porque refleja bastante bien a mi personaje, tan español, tan tozudo que no puede creer que haya hormigas como las españolas aunque sean para ser filmadas en París en una película surrealista.
Luis Buñuel con la perra Tristanita 
en su casa de Méjico, en 1977.

En las primeras imágenes de Blue Velvet, la cámara de David Lynch nos sumerge en el fragor de las hormigas entre la hierba.


Y algunas secuencias después el protagonista descubre una oreja-nido de hormigas.


Hace un año en Madrid, Lynch negó (hasta tres veces) haber visto alguna película de Buñuel.
Pero sé que en sus películas hay hormigas, y también sé que cuando hay orejas humanas en el campo, es muy probable que acaben llegando las hormigas.
 Lynch en el rodaje de Inland Empire.

Las hormigas devienen hermeneutas esclarecidas y abren -como al acaso- pasajes reveladores en la poética de artistas (valga la redundancia) tan singulares. El cine de Buñuel se hace y se ve con las manos. Diríase que Blue Velvet entra por una oreja. Como las hormigas, la historia misma anida en el oído del protagonista. El cine de Lynch se hace y se ve con las orejas.

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