16/3/14

El encuadre, una encrucijada


En Midaregumo (Nubes dispersas, 1967), Naruse pone en escena una historia de amor imposible. Yumiko (Yôko Tsukasa) se queda viuda cuando su marido muere atropellado en un accidente de tráfico. Al conductor, Shiro Mishima (Yuzo Kayama), lo declaran inocente, pero se siente culpable y quiere ayudar y compensar de alguna forma a la viuda, y le envía dinero regularmente. Yumiko no puede evitar el resentimiento y tampoco se permite perdonarlo...  Con todo, se acaban enamorado... Se acaban enamorando con todo... Como si el resentimiento y la culpa (que impiden olvidar y olvidarse) echaran leña al fuego de un amor que no pueden consentirse.


Yumiko cuida de Mishima cuando enferma de pulmonía (en una secuencia sublime, después de la lluvia) y él, ya curado, va en su busca para convencerla de que lo acompañe al nuevo destino que le han asignado en ultramar, y a ella le encantaría... Pero el pasado impide consumar el deseo, una barrera emocional que Naruse transfigura en la lucha de Mishima por compartir el encuadre con Yumiko (y redimir de una vez su culpa haciendo feliz a quien hizo desgraciada), y la porfía de Yumiko por salirse del encuadre que los abraza con la promesa de una vida juntos (por fidelidad a un pasado que se cobra un futuro prohibido).


El encuadre, una encrucijada. De tabú y deseo. De tiempos. Una mujer, un hombre. A solas. Con todo. El cine de Mikio Naruse.

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