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27/3/11

El ejemplo del sastre

Samuel Beckett, 1965

Samuel Beckett le leía a un James Joyce cegato fragmentos de la Divina Comedia. A cambio el autor del Ulises le dio un consejo de estética: la caída de una hoja tiene el mismo valor que la caída de un ángel. Quién sabe si desde aquel día Beckett empezó a pensar que las palabras son una forma de autocomplacencia y que escribir debe ser una forma de aprender a cerrar la boca. Borrarse. Silencio. Nada. Ante tanta desdicha sólo cabe habitar la última trinchera con humor:

CLIENTE. Dios es capaz de hacer el mundo en seis días y usted no es capaz de hacer un pantalón en seis meses.
SASTRE. Pero, señor, mire el mundo y mire su pantalón.

Y lucidez:

Ser artista es fracasar como nadie más se ha atrevido a fracasar...


Y soledad:


El artista que se juega el ser no es de ninguna parte, carece de parentela.


Entonces me quedé mirando por la ventana, porque, como decía Beckett, aunque no haya que escribir siempre hay algo que escuchar. Y escuché a Patti Smith colándose por una rompiente de nubes en el canto del horizonte más allá de la Illa de Sálvora.

Patti Smith, 1978 
(fotografía de David Bailey)

Y me acordé de aquel verso suyo que cierra un poema de Babel:

Who was your teacher? Robert Bresson.

¿Quién fue tu maestro? Robert Bresson.

Pero la pregunta que de verdad me importa, la que no dejo de hacerme desde que vi Au hasard Balthazar (1966) hace más de veinte años, es otra: ¿quién fue tu maestro, Robert Bresson?





De dónde saliste, Bresson, pensamos después de ver Mouchette (1967).

Robert Bresson rescata 
a Mouchette (Nadine Nortier)

Tenía razón Rohmer: Bresson no es un maestro, es un ejemplo.

Como Beckett.

Y el sastre.