Hace diecinueve años que dejé de fumar (bueno, casi, faltan unas semanas para cumplirlos).
Road House (Jean Negulesco, 1948)
Llevaba fumando más de treinta.
Sobra decir que me costó lo suyo los primeros meses de abstinencia (ayudó que Ángeles lo dejara unas semanas antes). Ahí gasté la reserva de fuerza de voluntad que me quedaba (habas contadas, la verdad). Pero me seguía gustando ver fumar en el cine. Y, superada la adicción (creo), aun más. Como ahora.
The Addiction (Abel Ferrara, 1995)
Babe Face (Alfred E. Green, 1933)
Wanda (Barbara Loden, 1970)
Blue in the Face (Paul Auster y Wayne Wang, 1995)
Criss Cross (Robert Siodmak, 1948)
Gilda (Charles Vidor, 1943)
Ida (Pawel Pawlikowski, 2013)
Carol (Todd Haynes, 2015)
Eva (Joseph Losey, 1962)
La de cosas que cuenta fumar. Y cuánto le gusta al cine contarlas.
Kansas City Confidential (Phil Karlson, 1952)
Riso amaro (Giuseppe De Santis, 1949)
Ren xiao yao (Jia Zhang-ke, 2002)
Road House (Jean Negulesco, 1948)
Nikutai no mon (Seijun Suzuki, 1964)
Al cine le gusta el humo.
Y destila el aquel de fumar como una forma de erotismo.
2046 (Wong Kar-wai, 2004)
Había momentos donde un cigarrillo sentaba de maravilla. D
espués del cine.
No recuerdo la última vez que fumé. No fui consciente en ese momento de que era el último, como Bob/Jim Jarmusch en Blue in the Face:
Los cigarrillos son algo así como un recordatorio de tu mortalidad, de alguna manera. Cada calada es como un momento que pasa, un pensamiento que pasa. Fumas y el humo desaparece. Te recuerda que vivir también es morir. No sé, voy a echarlos de menos. Pero, de todos modos, éste es el último.
Lo dejé nada más despertarme por la mañana. Así que fue la noche anterior. Con toda probabilidad después de ver una película. No recuerdo cuál antes del último.